viernes, 14 de noviembre de 2008

Nueva pedagogía

En la desastrosa enseñanza española actual, que conduce a un creciente fracaso escolar y a unos informes PISA cada año más deprimentes, la clase dirigente implicada en la educación pretende desarrollar una nueva intervención catastrófica: concederle a la pedagogía, importante en la educación infantil, una categoría extraordinaria para futuros profesores de alumnos que pretenden alcanzar las universidades y posibles tareas relacionadas con la investigación. Interesantísima pasará a ser la pedagogía ya que, aparentemente, las cuestiones científicas o culturales no valen para nada.

Pondré algún ejemplo sencillo y comprensible para cualquier pedagogo o dirigente político, que permita entender que a partir de ciertos niveles educativos es mucho más importante para los profesores la actualización de sus conocimientos que la renovación de las técnicas pedagógicas.

Hace unos 30 años explicábamos una composición, estructura y función de la membrana celular que hoy resultaría risible para cualquier buen alumno. Por citar un ejemplo, hace años, no se sabía nada de las las lipoproteínas transportadoras del colesterol y de triglicéridos en el plasma sanguíneo. No existían entonces, en medios académicos, las lipoproteínas de distinta densidad ni tampoco se trataba el tema de la proporción adecuada de las mismas y su relación con la prevención de la arteriosclerosis más común y peligrosa, la aterosclerosis.

Me viene a la memoria una clase, hará 25 o 30 años, en la que explicaba la replicación del ADN. Recuerdo a una brillantísima alumna, Manolita, que tras la clase me planteó el problema, para mí inexistente en aquellos años, de cómo entender la replicación en los extremos de los cromosomas, los telómeros. Toda la información que traté de localizar en distintos medios, incluyendo universitarios, resulto poco más que inexistente. Unos años más tarde se descubrieron las telomerasas y su importante papel, no sólo en la duplicación del ADN, sino también en posibles casos de cáncer. Sé que hoy Manolita es Doctora en alguna especialidad que desconozco y que, seguramente, no recuerda lo más mínimo de su extraordinaria intervención en una clase, para ella, como otra cualquiera. A mí, sin embargo, su pregunta me condujo a la búsqueda de información durante años.

Resulta demasiado complejo explicar los procesos de investigación que desencadenó, por ejemplo, la aparición y dispersión del SIDA. ¡Qué poco sabíamos los profesores sobre Inmunología! Nuestros conocimientos eran inferiores a los de los buenos alumnos actuales que superan la asignatura de Biología en 2º de BAC.

Hasta hace poco, un buen alumno de Biología, de COU o de BAC, concluía el curso sabiendo de citología, inmunología, genética, etc., infinitamente más que cualquier brillante universitario recien licenciado hace, más o menos, 30 años. Los profesores, hasta ahora, tratábamos de mantenernos al día en los avances relacionados con las continuas e importantísimas investigaciones biológicas. Ahora pretenden que abandonemos este tipo de comportamiento y le concedamos a la pedagogía una nueva posición de privilegio.

Tras estas sencillas descripciones que pretenden mostrar qué tienen que hacer los profesores para mantenerse al día, resulta inevitable el preguntarse :¿qué saben los pedagogos y los dirigentes políticos de la relación existente entre el nivel educativo, la I+D+i , y la renta per cápita en distintos países?

En fin, han decidido convertir los institutos en locales infantiles, con niños de sólo 12 años de edad. Recomiendo a los profesores de Química y de Biología, y espero que me perdonen, que los acerquen a los laboratorios. Allí esos niños podrán entretenerse jugando, por ejemplo, con los ácidos sulfúrico o clorhídrico o manejando bisturís. Resultará muy pedagógico.

Hace unos años, cuando los alumnos menores eran de 1º de BUP y tenían 14 años, disponíamos en mi Instituto de dos laboratorios, lo que permitía evitar que los más jóvenes se hallasen cerca de objetos peligrosos. Ahora se dispone de uno, al que van tanto los de 18 como los de 12 años. Un gran avance en la Prevención de Riesgos y un gran adelanto pedagógico. Unos y otros precisan, aparentemente, la misma enseñanza común, e iguales recursos.
Es lo que hay.

4 comentarios:

SUSANA F. I. dijo...

¿Qué hacer entonces con aquellos alumnos que, a pesar de tener un C.I. normal, padecen algún problema de aprendizaje como déficit de atención, hiperactividad, dislexia, discalculia,... cada vez más frecuentes?. ¿Deberíamos obviar su problema y reciclar y reciclar conocimientos académicos complejos que, con suerte serán capaces de comprender alumnos brillantes como Manolita? ¿Sería mejor apartarlos del grupo y darles una formación diferente al resto porque ellos también son diferentes? ¿Cómo ofrecer a estos chicos una formación integradora y no discriminatoria, capaz de hacerles desarrollar todas sus capacidades? ¿No sería necesario que el profesorado de estos alumnos tuviese unas nociones básicas de pedagogía que le permitiesen tratar la diversidad de forma correcta dentro del grupo, evitando que los chicos tiren la toalla antes de terminar su enseñanza media y posibilitando su acceso a estudios superiores?

Anónimo dijo...

Tienes toda la razón, Susana. La única cuestión motivo de debate es, en mi opinión, la siguiente: ¿cuándo y dónde el sistema educativo debe disponer de medios para detectar diversos problemas que suelen padecer los alumnos y tratar de solventarlos?
Creo que lo que carece de sentido es que el sistema espere a que el alumno tenga que realizar, por ejemplo, complejos problemas matemáticos de integración, para indicar su mayor o menor capacidad o sus posibles problemas de aprendizaje. La pedagogía y la psicología deberían adquirir una función esencial en los primeros años de enseñanza. Lo ridículo es pretender que profesores universitarios, especialistas en determinados temas, se conviertan en útiles pedagogos. Desempeñarán una tarea para la que están, estamos, incapacitados. A mí sólo se me ocurre, en este momento, recordar a un encantador grupo de alumnas al que, hace bastantes años, solicité que me prometiesen que al año siguiente se matricularían en letras. La asignatura que trataba de explicar se transformó en algo distinto y nuevo que yo titularía más o menos así: Ideas sobre Anatomía y Fisiología Humanas. ¿Aprendieron mucho de estas cuestiones? Seguro que no. Tampoco, eso espero, se aburrieron o deprimieron demasiado.
¿Qué interés tiene para una persona normal el "tubo contorneado distal de una nefrona"? Na de na. Sólo algunos rarillos prestamos atención a su función y al papel de la vasopresina. Lo de la pedagogía para mí...

SUSANA F. I. dijo...

Totalmente de acuerdo. Este tipo de problemas deberían detectarse mucho antes, en los primeros años de educación primaria y comenzar entonces a utilizar pautas específicas de aprendizaje que minimicen las dificultades de un alumno. Pero la realidad es bien distinta y los chicos llegan muchas veces a la ESO con una autoestima baja y unos conocimientos y calificaciones justitos para enfrentarse demasiado pronto a una enseñanza compleja, con 12 ó 13 asignaturas por curso y un abanico de profesores especialistas que tratarán, lógicamente, de exprimir al máximo su asignatura y de impartir un programa demasiado denso en la mayoría de los casos.
Ante esto, el alumno "diferente" deberá enfrentarse con su dificultad (aunque no olvidemos, con su C.I. totalmente normal, e incluso por encima de la media) a una enseñanza que le resultará totalmente hostil, pronto será juzgado como vago y distraído y si su tesón y el de sus padres no es tan grande como la catedral de Santiago, fracasará sin remedio antes de llegar al Bachillerato.
A mi juicio la solución pasaría por un buen equipo de orientación pedagógica que no sólo orientase al alumno en su dificultad sino también que ofreciese pautas a padres y profesores para abordar los estudios del chiquillo.
De todas formas tratemos de ser justos. No olvidemos las capacidades de estos niños y tengamos en cuenta que sus aptitudes son más que correctas para hacer en la vida todo lo que se propongan. Por favor, no los inclinemos antes de tiempo a cursar unos estudios de letras si no es lo que ellos quieren y no demos por hecho que no quieren saber qué es y para qué sirve el tubo contorneado distal de una nefrona... Es posible que les interese, que también ellos sean rarillos y que quieran conocer su función y el papel de la vasopresina. ¿No te parece?.

Javier dijo...

Estoy asombrado, parece que el blog de Carlos abre un debate interesante sobre la enseñanza, sus métodos y su futuro; parec mentira, ante un claustro con encefalograma casi plano, tenemos que recuurrir a un blog de un compañero para abrirnos y expresar nuestras ideas, asombroso.
En estos momentos tengo poco tiempo para hacer comentarios, salvo mi asombro, pero estoy bastante de acuerdo con "anónimo" en el sentido de que cuanto antes se detecten los problemas mejores serán las soluciones. Lo malo es que llegan muchos alumnos sin diagnóstico y, nosotos, también tardamos mucho en buscarles ubicación y ver cuál es la salida mejor, >En difinitiva, simplificando, falta coordinación, rapidez y, sobre todo, saber qué hacer.
javier